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Slimane: Diario

El haz de la vieja dama de hierro, cada 28 segundos, ilumina el triángulo de oro. En la Avenue Montaigne, George V y Champs-Élysées brillan las casas matrices de los nombres del lujo. Hay «un nombre mágico, la contracción de las palabras Dios y oro», decía el cineasta Jean Cocteau, sobre la maison Christian Dior. En el 2000, Hedi Slimane, estilista y director artístico de Dior Homme, recrea al hombre moderno, reinventa la imagen de la marca. El hombre Slimane es un dandy elegante, sofisticado, rock: una silueta etérea en blanco y negro.

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Slimane nació en París en plena explosión del mayo del 68. Estudió periodismo e historia del arte en l’École du Louvre. Fue asistente de Jean-Jacques Picart. Antes de mudarse a Dior Homme, es nombrado precoz director artístico de las colecciones masculinas de Yves Saint Laurent.

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Christian Dior se nutría del presente, capturaba las mutaciones, las anticipaba. Slimane se inspira, en Londres y con el cambio de siglo, la nouvelle vague del rock. Las herejías son Pete Doherty y Kate Moss. «Su estatus de ícono no puede ser decodificado más que a través del universo ultraritualizado del rock. Pete no se improvisa como rock star, lo es a cada instante », dice Slimane, que instala la rock attitude en las Fashion Week. Los festivales de verano (Glastonbury, Benicassim, Reading) se cubren de clones, total look Doherty, por Slimane / Slimane, por Doherty. Jeans slim, perfectos sofisticados y marineras con doble botonadura, sombreros de alas, camisas blancas de cuello discreto, botas de cuero rasgadas, tiradores, cuero sobre el cuerpo desnudo y tatuado. Slimane se reapropia del traje. El símbolo del estatus se impone, desacralizado, sobre el escenario, transpirado, ceñido al cuerpo, andrógino.

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«Siempre creí que el estilo era más importante que la moda. Son pocos aquellos que impusieron sus estilos, teniendo en cuenta que hay tantos creadores de moda», decía Yves Saint Laurent. El estilo Slimane redescubre el sentido del cuerpo, afina la silueta para afirmar l’allure, realzar las fibras, recuperar la tradición del hedonismo dandy. Viste a los íconos del rock transgeneracionales: David Bowie, Mick Jagger, Franz Ferdinad, The Libertines, Jack White, The Kills, Duft Punk.

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En las colecciones Primavera/Verano y Otoño/Invierno, Slimane filtra las noches de Berlín, Londres, París, New York, Milán. Las siluetas andróginas, el new look, se instala en la pasarela –desde la calle–: delicada insolencia neoromántica, de Lautréamont a Doherty.

Chanel liberó a la mujer, Saint Laurent le otorgó poder, Slimane emancipó al hombre moderno. En la apoteosis de su obra, renuncia a Dior Homme, después de siete años, y se exilia a Los Ángeles: donde se refugia en su primer amor, la fotografía. Se sumerge en el rock. Su mirada, sofisticada, se consagra a la iconografía del ritual, a los pies del escenario.

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Los cuerpos mutan, frenéticos, del jean al dandy decimonónico, las fibras se desplazan en monocromo, inspirado por Gus Van Sant y Larry Clark, íconos de la teen generation. «Los jóvenes siempre tienen razón, incluso si se equivocan», dice Slimane, tras los pasos de Edward Hopper. Esteta, prolijo, irreverente, desde su exilio californiano, también retrata a Robert De Niro, Dustin Hoffman, Georgia May Jagger, Kate Moss, The Kills, Amy Winehouse, Lady Gaga…

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Una tarde en París, Slimane, almuerza en una terraza de Saint-Germain-des-Prés, cerca de su departamento, a metros de la plaza Diane Von Furstenberg. Es discreto, tímido. De ojos celestes penetrantes, esquivos e incómodos, inclina su silueta etérea; de corte punk, su rostro es solar.

El microclima parisino celebra el rumor confirmado. Slimane es el nuevo director artístico de la maison Saint Laurent. Esta vez, los elegidos de la colección prêt-a-porter son Courtney Love, Marylin Manson, Kim Gordon. Las colecciones fusionan, con una precisión quirúrgica, el refinamiento y el espíritu del rock, líneas calibradas y estrechas.

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Roland Barthes dice –y define la moda– que la Torre Eiffel es «un espectáculo mirado y mirador; edificio inútil e irremplazable; mundo familiar y símbolo heróico; testigo de un siglo, y monumento siempre nuevo, objeto inimitable y sin cesar reproducido, es el signo puro, abierto a todos los tiempos, a todas las imágenes y a todos los sentidos, la metáfora sin freno».

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Unas temporadas más tarde, Hedi Slimane renunció a Saint Laurent. Se exilió, una vez más, en la fotografía: su diario en blanco y negro.

www.hedislimane.com

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