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Sandra Cauffman y la lógica de las estrellas

Sandra Cauffman y la lógica de las estrellas

Ella es una de esas mujeres que hemos ido conociendo en los últimos años, no solo por su alto cargo en Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos (NASA por sus siglas en inglés), sino porque es ejemplo e inspiración para muchas mujeres y jóvenes en el país.

Portada

Disciplinada, enfocada, colaboradora, entregada a su familia y su profesión, Sandra no olvida sus raíces ni su país; no ha perdido el acento tico pese a vivir desde sus veintes en Estados Unidos y estar casada con un ciudadano de esa nación.

Estudió la “ingeniería de mujeres”, la industrial, por consejo de un machista profesor universitario de la Universidad de Costa Rica; de esos que creen que hay unas profesiones para mujeres y otras para hombres; pero siempre ella se salió con la suya y estudió ingeniería eléctrica, que era la que añoraba. Ambas ingenierías la han llevado a las estrellas…; es decir, la tienen en una de las organizaciones más importantes del mundo que estudia las estrellas, los planetas y los confines del universo.

Con una infancia limitada económicamente, pero con el apoyo correcto que puede dar una madre nutricia en intelecto y visión (María Jerónima Rojas), Sandra es producto de la educación pública de este país. Vivió su infancia en Hatillo y estudió primaria en una escuela cercana a ese barrio; la secundaria la hizo en el Liceo Luis Dobles Segreda y estudió la ingeniería de las mujeres en la UCR.

En los años 80, un semestre “se volvió loca” y llevó 21 créditos en la U y además trabajaba para poder costearse la carrera, y esa irracional y apasionada decisión la llevó al hospital –probablemente con un burnout–. Sin embargo, en una entrevista concedida a revista IMAGE, asegura que, a pesar de todo, ese sacrificio valió la pena y lo repetiría, porque ese esfuerzo y el ser aplicada en los estudios la ha llevado adonde está hoy: a la subdirección de la División de Ciencias Terrestres de la NASA.

“Cuando una se esfuerza y le apasiona algo verdaderamente, hay gente que se da cuenta y está dispuesta a ayudarla a una”, afirma con convicción.

“La seguridad en una misma es suficiente para ejercer un liderazgo, no hay que parecerse a un hombre para lograrlo”, sostiene cuando procura explicar su idea de liderazgo.

Revista Image insistió en entrevistarla, en ponerla en portada porque ella contribuye con la arquitectura y el diseño del talento costarricense allende fronteras. E igualmente la persiguió –literalmente—por el campus Rodrigo Facio de la UCR para poder tomarle los retratos que acompañan esta semblanza.

Conociéndola

RI– En general, sabemos que tiene un alto cargo en la NASA pero no cómo es exactamente su trabajo, ¿podría explicarlo brevemente?

SC– Mi trabajo ahora consiste en proporcionar liderazgo ejecutivo, la dirección estratégica y la gestión global de todo el portafolio de Ciencias Terrestres de toda la NASA, desde el desarrollo de la tecnología, la ciencia aplicada, la investigación, la ejecución de las misiones y operaciones.

(En síntesis, ella coordina la división que manejan las misiones que se envían al espacio para estudiar nuestro planeta y cualquier actividad terrestre desde allí. Ella está en el escalón inmediatamente inferior al que ocupan los colaboradores que forman parte del círculo de confianza del presidente de los Estados Unidos).

«Esto es bueno para motivar a otras mujeres, para darles más confianza; (quiero) decirles que apliquen a puestos. Lo que puede pasar es que les digan que no, hoy. Pero tal vez mañana, sí. Tenemos que fortalecer la confianza de que somos tan capaces como los hombres y que podemos ocupar una posición de ese tipo», dijo.

RI– Se ha escrito mucho de su historia de éxito y esfuerzo, el apoyo de su madre y su empeño personal en alcanzar sus sueños. ¿Qué aconsejaría a las mujeres que se proponen metas en ámbitos que siguen siendo muy masculinizados? ¿Cómo lidió usted con ello?

SC– Les aconsejo que tengan confianza en sí mismas y de su educación. Les sugiero que encuentren su voz. Yo encontré mi voz y descubrí que los hombres no era que sabían más o menos que yo.  Los hombres se tiran al agua y aprenden a nadar.  Yo me tiré al agua y estoy nadando. A veces las mujeres no queremos hacer preguntas porque pensamos que suenan tontas y que tal vez no sabemos lo suficiente, pero hay que formular interrogantes y tenemos que recordar que nadie nace aprendido. La otra cosa que aprendí fue a ignorar la rudeza e ignorancia de muchos que piensan que porque somos mujeres no sabemos mucho.  Yo no solo he tenido que luchar con el hecho de que soy mujer; sino con que aquí, en los Estados Unidos, soy una minoría (hispana).

RI– Como científica e ingeniera, ¿cuál es el principal aporte de las mujeres en la carrera espacial y en la ingeniería? ¿Cómo hacemos la diferencia?

SC– La diversidad es necesaria en todo ámbito, sea espacial, ingeniería, etc. Todos traemos con nosotros un punto de vista diferente y necesitamos esa diversidad para siempre escoger la mejor solución a los problemas de hoy día.  No es tanto ser hombre o mujer, lo que se debe es aportar diferentes puntos de vista.

RI– Además de su condición de mujer y haber sufrido el primer obstáculo en la UCR cuando ingresó a ingeniería,  ¿padeció alguna discriminación por su condición de centroamericana? 

SC– Pues no discriminación, pero sí han asumido estereotipos.  Para muchos, los hispanos-latinos son los que cortan el zacate, los que no pasan de secretarías, los que vinieron aquí ilegalmente. Muchas veces me han confundido con la secretaria, pero cuando les digo lo que hago, se sorprenden y el tono cambia completamente.

_DSC6871RI– ¿Cómo invierte su tiempo libre? ¿Cuáles son sus hobbies?

SC– Me gusta pasar tiempo con mi familia, con mi esposo, mis hijos, con mami y mi suegra, por supuesto. Además de eso me gusta mucho cocinar de todo un poco.  Hago bikram yoga (yoga caliente) y compito en carreras de máquinas de remar. Nunca he practicado el deporte de “crew”, pero mis hijos y mi esposo sí.  Compramos un “erg” (una máquina de remar) y me di cuenta que había competencias.  Mis hijos y mi esposo me enseñaron a hacerlo correctamente y decidí competir.  La primera vez que lo hice, quedé en tercer lugar. La segunda logré el primer lugar; la tercera y la cuarta vez, segundo lugar.  Y ahora sigo practicando porque quiero ganar otra medalla de oro.

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