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Ronald Zürcher:  la arquitectura como sorpresa

Hay que buscar en nuestras raíces, la sencillez que nos hace grandes.

Mi proceso evolutivo en arquitectura lo comparo con cosas muy básicas: es como el caso de un panadero.Si se quiere comer un buen baguette -probablemente hay muchos que lo hacen- uno tiene un sitio preferido a donde va a comprarlo porque el de ahí es buenísimo.Entonces, considero que uno tiene que aprender a hacer un pan sencillo pero que le guste a todo el mundo; hacer algo tradicional.

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Fotografía Revista Image Copyright, Todos los derechos Reservados

En esa época yo no quería realizar nada contemporáneo, sino algo que le gustara a todo el mundo y como sabía que la gente apreciaba la arquitectura de tipo tradicional me dije: yo voy a aprender a hacer buen pan y, una vez que aprenda, le voy a ir poniendo aliños encima hasta llegar a hacer una buena repostería… pero primero aprendí a hacer el baguette bueno que yo quería, el mejor.

Creo que esa es la evolución arquitectónica que yo deseaba: paulatina, sin correr y buscando las raíces costarricenses.

Así describe el arquitecto Ronald Zurcher el inicio de una fructífera carrera de 36 años, que le ha llevado a realizar cientos de proyectos de todo tipo –entre ellos más de 45 hoteles diseñados y edificados– y a construir más de dos millones de metros cuadrados en proyectos que van desde Brasil hasta México, pasando por Centroamérica y el Caribe.

Pienso que mi vocación por la arquitectura nació en Nicaragua. Mi mamá era de la ciudad de León y desde pequeño yo pasaba temporadas allá y me impresionaba mucho su tejido urbano. León es una ciudad colonial que todavía conserva la simpleza y la austeridad de finales del siglo XVI y principios del XVII, donde entre aceras y calles empedradas se ven unos muros interminables con pequeñas puertas o pequeñas ventanas, sin que en realidad uno sepa qué hay adentro.

Aquello era un enigma porque yo caminaba pequeño por ahí y veía esos muros enormes, esas cuadras interminables y sin salientes… y cuando abría una puerta, había unos jardines maravillosos adentro y eso me impresionaba mucho porque en Costa Rica aquello no existía: el barrio Amón donde crecí era muy interesante, con una arquitectura ecléctica muy bella, pero no de esas magnitudes, no de esa simpleza.

Me impresionó esa esencia, ese minimalismo que se veía ahí y cada vez que iba investigaba más. León era muy seguro y yo me iba a explorar por las callecitas, me metía en las casas en donde todo el mundo me reconocía y me dejaban entrar: por eso creo que ahí fue donde nació mi interés por la arquitectura.

Cuando terminé el colegio aquí no había Escuela de Arquitectura, entonces me fui a estudiar a México. Regresé en 1978, en plena crisis del petróleo, que le pegó muy duro a Costa Rica; las empresas nuevas se formaban en los garajes y las nuevas familias vivían con los padres, por lo que nadie construía.

Empecé a trabajar con un amigo que ya tenía su estudio. Solo éramos él y yo, un par de dibujantes y había que hacer de todo. Ahí trabajé un tiempo y luego me independicé. Mi primer proyecto fueron unos establos que me encargó un amigo.Después hice unas perreras para la Dirección de Inteligencia y Seguridad… Así que esos fueron mis primeros clientes: ¡caballos y perros!

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Cuando estudié en México, la influencia era la de la arquitectura internacional, por supuesto, pero mi vivencia de niñez y mi relación con la arquitectura era la del Barrio Amón y la de León, a la que entonces le encontré relación con el brutalismo que uno estudiaba en la universidad.

Bien, me dije, lo más parecido a eso, al menos en las inmediaciones latinoamericanas donde vivo, es esa arquitectura de raíz colonial, que es muy simple, muy grande, sin ornato, así que esa fue mi primera influencia y fueron elementos de ese tipo los que retomé en mi trabajo, donde lo que trataba de hacer no era una imitación estática, sino una arquitectura dinámica.

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Fotografía Revista Image Copyright, Todos los derechos Reservados

Sin embargo, ahora pienso que quizás las raíces nuestras no están necesariamente ahí, sino en el arte precolombino. Por eso, sin ser un erudito en ello, empecé a estudiar la cerámica, la piedra, el jade y el oro precolombinos para ver qué representaban, qué era lo que inspiraba a los indígenas para hacer esa artesanía.

Pero no es que me quiera inspirar en el arte precolombino: lo que deseo es usar su misma forma de entender el entorno. Si para nuestros antepasados una semilla, una espina o una lagartija eran importantes, a diferencia de aquello que lo era para otras latitudes, para ellos eran cosas más sencillas, más humildes si se quiere. Entonces me dije, esas son las raíces nuestras: yo quiero buscar ese tipo de sencillez que es lo que nos hace grandes.

El costarricense es humilde, se fija en las cosas sencillas, no es el que está en la punta de la pirámide sino más bien el que está en el centro y ese tipo de cultura es la que yo quiero transmitir a través de la arquitectura, inspirado en lo que inspiró a los ancestros precolombinos:esa es la simpleza que trato de rescatar y que, al fin de cuentas, son las mismas raíces que inspiraron el principio de mi carrera, solo que ahora las encuentro en otro lado pero siempre dentro de esa multiplicidad cultural de la que venimos.

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Fotografía Revista Image Copyright, Todos los derechos Reservados

Por esa razón, donde el entorno lo permite, la arquitectura que está haciendo ahora tiende más a algún tipo de organicidad, muy integrada con el medio, dialogante con la naturaleza, mientras que en los proyectos un poco más urbanos sigue tratando de buscar aquella misma sencillez del inicio de su carrera, más todo en una atmósfera de contemporaneidad. Las proyecciones a futuro, por eso, no le faltan.

A mí me gusta mucho lo que hago, me gusta mucho investigar y me veo haciendo esto hasta que las energías me den: no me pienso retirar porque esto es lo que me divierte y me gusta hacer. Pero ¿cómo hacer para que todo lo aprendido, todo este legado no se pierda? no por un afán de ego en el sentido de si mi oficina va a trascender o no: es sobre cómo hacer para que todo esto se aproveche.

Entonces tiene que haber una enseñanza de lo aprendido, pero como el pan que hacemos ahora es diferente del que hacíamos hace treinta años, de ahí la intención de incluir talentos jóvenes en la oficina para que, primero, traigan nuevas ideas y luego, para que aprendan la metodología de hacer buen pan y, una vez que aprendan a hacer buen pan, puedan llegar a hacer repostería de otro tipo: esa es la idea.

 

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