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Una de las actividades más interesantes y culturales que se pueden hacer a lo largo de la Riviera Maya es, sin duda, la visita de sus imponentes ruinas mayas.

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Complejos grandes como Chichén Itzá, considerada una de las siete maravillas,  son un imprescindible destino del turista; sin embargo, hay quienes no quieren separarse de su principal objetivo, aquel que los hizo venir hasta este rincón del planeta: el incandescente y caprichoso color turquesa de sus playas; Tulum resulta un híbrido perfecto entre la historia y el Mar Caribe.

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No es necesario tomar algún tour para llegar sin problemas. Se tarda un aproximado de dos horas desde Cancún y; una hora, desde Playa de Carmen en transporte público (resulta muy barato, cómodo y seguro). Prácticamente, una línea recta separa las distintas localidades por lo que no es un trayecto de tedio.

Desde la orilla de la carretera hasta el complejo arqueológico, pasando por las tiendecillas de souvenirs, restaurantes y miles de mercaderes de tours se tarda unos 10 o 15 minutos, aproximadamente, a pie (las excursiones en toda la Riviera se ofrecen hasta el hartazgo y pueden ser ideales para planes más familiares).

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Dentro, es un laberinto de roca, monumentos, selva y cenotes. Se dice que su nombre original, antes de caer en ruinas, fue Zamá que significa en maya “amanecer”; pero pasó a nombrarse Tulum – nombre que también recibe la localidad- que significa ,en la misma lengua, “muralla”.

Construida en su mayoría durante el periodo posclásico de la civilización (años 1200 y 1450 d.C), Tulum, por su clarísima evidencia de estilo, fue una ciudad dedicada al culto de los dioses; era un lugar sagrado.

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El circuito consta de varias infraestructuras como plataformas funerarias, tumbas, El Templo de las Pinturas, el Gran Palacio y; por supuesto, El Castillo que queda contiguo a la playa; la foto icónica por excelencia. Y como si fuera poco, por temporadas (de mayo a octubre), yacen en estas blancas arenas cientos de nidos de tortugas marinas que vienen desde el cristalino fondo a depositar sus huevos. Todo un edén.

Para afianzar aún más la idea de paraíso, vale la pena salir de la ciudad antigua y caminar con dirección a la línea de costa para disfrutar de las playas más bellas de México (y el mundo).

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Lamentablemente, muchos turistas – por falta de información- desconocen del recorrido que pueden hacer a través de estos playones extensos y se devuelven una vez terminado el circuito arqueológico. De todas maneras, siempre es bueno preguntar direcciones y qué se puede hacer “más allá” (los mexicanos son personas muy amables por tradición y dispuestas a ayudar).

En estas prolongaciones de litoral, se puede llegar a Playa Paraíso (estaría de más explicar por qué se llama así, solo basta ver una foto): un lugar perfecto para tomar un tour de esnórquel, meterse al mar, broncearse o tomar un refresco y muchas fotografías en la palmera inclinada que la caracteriza. Aquí, se pasan las horas como si nada.

Carecería de lógica decir que se trata de una playa deshabitada y virginal, pero al menos no tiene tanta contaminación visual proveniente de hoteles, yates, discos como sus aledañas Cancún o Isla Mujeres. De todas formas, cualquier rincón de Riviera Maya, desde sus ruinas hasta sus playas y resorts, resulta un destino perfecto vacacional.

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