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Hay una plaza en Buenos Aires que tiene en el centro un Ficus macrophylla, también llamado gomero. En lugar de apuntar hacia el cielo, su ramas forman una inmensa sombrilla tupida y baja de hasta treinta metros de circunferencia. Unos postes metálicos, colocados alrededor del tronco macizo y retorcido, sujetan las ramas de un metro de diámetro. El árbol, al final de la Avenida Presidente Quintana, tiene doscientos años. Sobre sus raíces aéreas, las más antiguas de la capital, un cantor de tango reproduce, mientras rasga su guitarra, los famosos aires de un zorzal, otro clásico de Carlos Gardel.

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Debajo de la sombra secular, la terraza del bar notable La Biela acuna a los turistas. Los mozos, de impecable frac, espantan a las palomas y se ocupan de Robert Duvall, Angus Young, Joaquín Sabina y Ozzy Osbourne. El paisaje es el paseo de la Recoleta, un entramado de plazas (Alvear, Juan XXIII, Francia), diseñadas por Carlos Thays, periodista y urbanista francés. En una mesa reservada, dos habitués, esculpidos en tamaño real, miran sin pestañar. Jorge Luis Borges cogitó, en esta silla, su poema 1964. “Nadie pierde (repites vanamente) / sino lo que no tiene y no ha tenido / nunca (…)”. Su cómplice es Adolfo Bioy Casares, autor de los clichés en blanco y negro que se exponen en el salón interior de color ocre. Bioy Casares, que vivía a pocos metros, en la calle Schiaffino, y era vecino del tenista Guillermo Vilas, no fue enterrado en Ginebra. Se instaló al frente del árbol decimonónico, a metros de la Basílica del Pilar, en el cementerio de la Recoleta.

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En las escalinatas de Expectamus Dominum –“Esperamos al Señor”–, un arpista de bigotes interpreta, por plata, el Requiem de Antonín Dvořák. Las gruesas columnas son el preludio a uno de los diez cementerios más célebres del mundo. En las antípodas de la discreción protestante, las lápidas de este antiguo convento recoleto, por lo solitario y meditativo, son el éxtasis barroco de la liturgia católica, y el principal destino turístico del país. Los árboles, aquí, se erectan hacia el cielo, pero el silencio es interrumpido por el Recoleta Mall, un shopping extramuros, que se inclina sobre las tumbas de mármol de Carrara.

En este museo a cielo abierto de arquitectura sepulcral, los estilos se aprietan al costado de un laberinto racionalizado y pulcro. Los mausoleos se inflan de art nouveau, art déco, neoclásico, neogótico… En 1820, el gobierno expropió los terrenos, ocupados por el huerto de la Congregación Franciscana, para la construcción del cementerio. Tiene, hoy, 4870 sepulcros a perpetuidad. Más de 70 bóvedas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional. El Cementerio es considerado Museo Histórico Nacional: los rostros esculpidos y severos amueblan el centro de la capital porteña. Hay anclas, sombreros, espadas, rosas, y una decena de gatos que duermen sobre nombres y fechas de personajes históricos locales: presidentes, generales, ganaderos, empresarios, algunos inmigrantes ignotos.

Este camposanto es una síntesis en miniatura del barrio residencial que lo contiene. El dominio arquitectural se extiende e imprime, a escala humana, al resto de la Recoleta. Los arcos y balcones haussmaniano, en la Avenida Libertador; el petit palais restaurado del hotel Duhau, en la calle Posadas; la discreta mansión del hotel Algodón, de la calle Montevideo; el edificio Bencich de la Nunciatura Apostólica, en la Avenida Alvear. Las carnicerías, el deporte y el peronismo, frente al puerto –y de espaldas al Atlántico–, tienen menos protagonismo. En este minúsculo París demodé, la agenda incluye música clásica en epicerías naturista, galerías de arte, subastas de antigüedades, tapices otomanos, trajes de tweed de Chanel, peluqueros hipsters, y una boutique Hermès.

Pero intramuros, rugen los perfiles mitológicos de dos reinas porteñas. La lápida de Eva Perón, la mujer del General, que pasó del cabaret a la santidad, es la más visitada. La otra, más secreta, es Victoria Ocampo, heredera de una fortuna terrateniente, e instigadora de los salones de la intelectualidad austral cosmopolita. La heroína local de la cultura europeizante fue la única mujer invitada, como observadora de prestigio, a los juicios de Núremberg. Ocampo, directora de la revista Sur, fue la anfitriona, y mecenas, de Jorges Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Igor Stravinsky, José Ortega y Gasset, Gisèle Freund, Albert Camus, Virginia Wolf. La amante de Jacques Lacan, que descansa en un panteón familiar, instaló el modernismo del siglo pasado en las calles de la Recoleta.

GUÍA PRÁCTICA

Para comer

Le Pain Quotidien

Posadas 1402
T. +54 (11) 4811-6391
www.lepainquotidien.com.ar

 

Tea Connection

Montevideo 165

T. +54 (11) 5199-0363

www.teaconnection.com.ar

 

Dónde dormir

Alvear Palace Hotel

Av Alvear 1891

T. +54 (11) 4808-2100

www.alvearpalace.com

 

Shopping

Patio Bullrich

Posadas 1245

T.+54 (11) 4814-7400

www.shoppingbullrich.com.ar

 

Qué visitar

Galeria Rubbers

Av. Alvear 159

T. +54 (11) 4816-1864

www.rubbers.com.ar

 

Breuer Moreno Remates

Libertad 1650

T.+54 (11) 4815-0651

www.breuermoreno.com.ar

 

La recomendación (delicatessen)

Smeterling

Uruguay 1308

T. +54 (11) 4813-9700

www.smeterling.com

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