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Ana Istarú: la undécima musa

 

Ana Istarú: la undécima musa

 

Si llegó a las tablas no solo fue para hablar de teatro, sino para demostrarlo. Ana María Soto Marín, cobijada bajo el seudónimo de Ana Istarú, nos enseña, una vez más, el suculento deleite que proveen las obras dramáticas y poéticas que compone.

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Desde niña, empieza a escribir de la mano de su padre; un ingeniero y economista. Él, quien usó el nombre de León Istarú para publicar un libro, y la maestra de primaria de Ana Istarú, le abren las ventanas a la poética de Neruda, García Lorca, Juana Ibarbourou, entre otros reconocidos escritores. Ya para la adolescencia, Ana Istarú queda enamorada de la pluma del español Miguel Hernández, y también gracias a sus progenitores, quienes la llevaban a ver puestas en escena de calidad, se convierte en amante del teatro; de ese teatro esplendoroso de la década de los setenta y ochenta en Costa Rica.

Ana Istarú, como ella misma lo asevera, proviene de la generación de la utopía: movida por el arte, el idealismo y el espíritu contestatario que la acompañaría para el resto de su vida. La lucha que ha dado por el derecho de las mujeres es una herencia de su madre quien fue una mujer destacada en la política nacional.

Como escritora, Istarú nos ha regalado prolíferas obras tintas de una riqueza discursiva y semántica indiscutible; como actriz, nos ha impactado con sus actuaciones que la han hecho merecedora de varios premios nacionales e internacionales.

Ana Istarú, fotografía revista Image copyright

Actualmente, tres de sus obras se hallan en cartelera: Sexus benedictus, Baby boom en el paraíso, y Hombres en escabeche. No en vano, estas piezas teatrales han trascendido a través del tiempo y del espacio, y este impacto como dramaturga no lo imaginaba nuestra bienquista poeta y actriz, quien ha catalogado al 2015 como el año de la retrospectiva.

Ana Istarú se ha convertido en un ícono de las letras costarricenses. Algunas de sus obras forman parte de la lista de lecturas del Programa de estudio de Español, del Ministerio de Educación Pública; además, en el corpus literario que se estudia en las cátedras de Literatura costarricense, Semiótica, entre otras, en las universidades más prestigiosas de este país, no puede faltar un texto literario de esta talentosa mujer.

Desde los 23 años de edad, Istarú se apropia de una voz femenina que procura la voluntad de ruptura; una voz pletórica del erotismo de la que habían sido despojadas las mujeres. Así lo evidencia en su poemario La estación de fiebre (premio Educa 1982); un texto de amor, con voz femenina pero no hostil al varón. “Muchos hombres tomaron el poemario como un homenaje y muchas mujeres se sentían felices de ver su voz expresada a través de mis poemas”, nos explicita Ana Istarú.

Ana Istarú, fotografía revista Image copyright

Prontamente, Melvin Méndez, reconocido actor y dramaturgo, realizará el montaje de una de sus obras: La Loca, y tendremos el gusto de ver actuar a Ana Istarú en el mediometraje: Lobas, en el que asume un papel coprotagónico.

En los labios de Ana Istarú, el teatro le da una significación al ser humano; un ser actor y observador a la vez. El rol del arte es visibilizar lo invisible. Y a Istarú la visibilizamos, actualmente, en libertad, en paz, en plenitud y, como siempre, con una grandilocuencia indiscutible. Si las musas, deidades quienes inspiraban el arte, eran nueve, y a Safo, poetisa de Lesbos del siglo V a.C., se le nominó como la décima musa; definitivamente, Ana Istarú se ha ganado el título de la undécima musa; pues reúne la esencia y ambrosía de todas las anteriores.

 

 

 

 

 

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