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El anillo del pavo real: un texto de teatro que descuella en la literatura costarricense

El anillo del pavo real: un texto de teatro que descuella en la literatura costarricense

Miguel Rojas: El anillo del pavo real. La respuesta al enigma de los siete tiempos, siete espacios y siete historias

 

“Ver para creer de lo que somos capaces,

atravesar espacios es tan natural como amar

el trecho que nos separa de la felicidad,

en ocasiones tenemos lo que necesitamos,

se nos va, se nos va, se nos va al solitario.”

(epígrafe del texto: El anillo del pavo real)

 

Miguel Rojas, creador de la primera pentalogía teatral costarricense, descifra el enigma “alquimista” de la existencia humana en su primer obra perteneciente a esta pentalogía: El anillo del pavo real. Más que ser un texto basado en la leyenda de la piedra de Aserrí, es el cauce para desmitificar el origen y evolución del cosmos.

La trama del texto versa en el personaje de Zárate y el Gobernador de Acserí: Alfonso de Pérez y Colma. Este último desea, fehacientemente, a la bella Zárate, y logra persuadirla a través de falacias. Ella se siente traicionada por el Gobernador y evoca al Cosmos para que interceda en su favor. Paralelamente, aparece la historia de Diógenes Olmedo quien busca a su Esposa convertida en paloma; símbolo de purificación. La historia muestra, de manera simbólica, la intromisión de actantes básicos, como el Pueblo atrapado en la roca, y las Fuerzas Naturales y Cósmicas, que coadyuvan a la conservación del equilibrio del universo.

Los tiempos no coexisten sin el espacio: tiempo y espacio están condicionados por una misma geometría (cronotopo). En el texto El anillo del pavo real no es la excepción. La obra tiene, de acuerdo con la información suministrada por el mismo escritor, siete tiempos y siete espacios y; por ende, siete historias. El tiempo es la fuerza primitiva que da origen a la vida; de él nacen las otras fuerzas cósmicas que gobiernan el mundo, hasta encauzarse en la vida misma.

Todos los elementos están sincronizados en una perfecta “relojería” en el que el macrotiempo los unifica. El tiempo permite crear en la mujer y en el hombre una visión cosmogónica y cultural. Lo preeminente en el texto de Miguel Rojas es que de los siete tiempos, marcados por espacios reales, virtuales y ficticios, eminentemente mezclados, tres son duales.

Este principio de la dualidad está dado no solo por el mito andrógino del hombre indivisible, sino por el principio matemático del sistema binario que trabaja con base en el número uno: no hay vida sin uno, no hay cero sin uno. En ocasiones, los actos de un individuo afectan, radicalmente, al otro y al entorno.

El primer tiempo dual es el de Zárate y el Gobernador. El accionar de este último perjudica el desarrollo espiritual e integral de Zárate; aunque esta recurre al Dios Supremo, enmarcado por el tiempo, espacio e historia número siete; número pitagórico que evoca la perfección, para que le ayude a equilibrarse.

El segundo tiempo dual es el de Diógenes y su Esposa convertida en paloma. Ella se ha desequilibrado producto de sus actos. Ahora Diógenes la busca para estar “completo” (andrógino) y, así, dar también felicidad a su hijo enfermo quien pregunta por su madre desaparecida. En la espiral de la vida, el cosmos ofrece una oportunidad a la esposa de Diógenes para que reivindique su acción de adulterio; por lo tanto, debe, simbólicamente, convertirse en una paloma.

El tercer tiempo dual está compuesto por el Pueblo quien ha pecado de pasividad. A pesar de los abusos que este ha sufrido, hace muy poco para remediarlo. El desequilibrio emanado del Pueblo lucha contra el equilibrio propiciado por la Naturaleza Cósmica; compuesto, a su vez, por las Fuerzas Físicas, Síquicas, Humanas, Terrenales y Oníricas.

Los tiempos, esbozados anteriormente en forma dual, crean los seis tiempos del texto. La misma semántica textual prefigura esta dualidad; verbigracia, las naranjas amarillas y verdes de Diógenes; símbolo del fruto de la vida o de la muerte, y aseveración de la potestad humana para decidir acerca del porvenir y de lo que le rodea.

El sétimo tiempo, espacio e historia es el que refleja, implícitamente, todos los tiempos anteriores. Es el epítome de la existencia humana; la esencia de la cual procede y regresa todo lo creado.

Con base en lo explicitado, se deduce, a nivel de la configuración textual, que el tiempo es una cuestión mental materializada por los actos humanos. Mientras Zárate representa, semióticamente, el orden; el Gobernador, el desorden. Esto se refleja en las otras historias duales: Diógenes y su Esposa o la Naturaleza Cósmica y el Pueblo Pasivo.

De Caos y Gea (dioses primogénitos de acuerdo con la mitología griega), nacerá, en la segunda descendencia, Cronos: el tiempo. Este simbolismo se halla perenne también en El anillo del pavo real; por ejemplo, el joven, a quien Zárate menciona para causarle celos a Alfonso, está tatuado; símbolo de todos los tiempos. La roca en donde se refugia el Pueblo por miedo representa al mundo, sostenido por la energía de Atlante (ser mitológico destinado a soportar el mundo en sus espaldas como castigo otorgado por Zeus). Esa piedra también se traduce como la piedra filosofal, el oro de la vida, la piedra angular y, por supuesto, la energía primaria.

 

Así como Circe, personaje homérico, maneja el tiempo para conseguir sus objetivos personales, el ser humano tiene la potestad de controlarlo también. El hombre es el que le da valor al tiempo. Se escogen cuántos tiempos se quieren vivir a la vez. El espacio, en la Física, no es nada; debe haber un tiempo que lo fije: principio implícitamente parafraseado en varios textos de Física de Albert Einstein, y también contemplados por Stephen Hopkins en su obra: La breve historia del tiempo. En síntesis, en el todo, sétimo tiempo, están unificados los siete espacios y las siete historias de los actantes.

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