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La panadería: espacio patrimonial costarricense 7

La panadería: espacio patrimonial costarricense

El centro cotidiano y matutino de cualquier población es la panadería. No podía ser de otra manera si recordamos la importancia del alimento que se prepara y se vende en ese lugar. Obligadamente, los vecinos acuden allí muy a las seis de la mañana a llevarse el pancito fresco, horneado durante la madrugada en la parte trasera del local; también compran la leche para el desayuno y, a veces, el paté, la natilla o los huevos para completar esa primera comida del día.

Panaderia Villalobos en Tibas 2016, foto: revista image

Este establecimiento, en nuestro país, se destina además, normalmente, a la pastelería por lo que los productos son sumamente variados. En primer lugar, los diversos tipos de panes: francés, español, melcochón, de bollitos, con queso, sencillo, con ajonjolí. Y el pan dulce, que puede llevar pasas, queso, piña o frutas confitadas y que se ofrece en varias presentaciones. Por otro lado, está el resto de los productos salados: empanadas, enchiladas, tamal asado.

Panaderia Villalobos en Tibas 2016, foto: revista image

 

Un lugar especial lo ocupa la repostería: empanaditas de piña, enlustrados, gatos, rosquetes, bizcotelas, quesadillas, ilustrados, prusianos, cachos (de jalea de guayaba o de crema). Se puede probar todo tipo de galletas: con azúcar, con jalea, con coco, rellenas. Y los maravillosos suspiros, livianos y dulcísimos.

Panaderia Villalobos en Tibas 2016, foto: revista image

Pero, indudablemente, la reina de todos los dulces que se venden en este local es la galleta de panadería. Este manjar, que comemos desde tiempos inmemoriales con “Numar”, con mantequilla “Dos pinos” o con queso crema.

Panaderías tradicionales ya legendarias, por citar solamente tres de ellas

La Espiga de Oro en el centro de San José. Panadería Araya en Cartago. Panadería Valverde en Santo Domingo de Heredia. Pan Tovella. Hay toda una mitología en torno a este pan. Se decía que este panadero era un catalán anarquista que consideraba inmoral enriquecerse con el comercio, sobre todo con la venta de un alimento como el pan. Es una leyenda urbana, interesante de seguirle la pista.

Panaderia Villalobos en Tibas 2016, foto: revista image

Cafetería y panadería en Ciudad Colón

Los encuentros que abriga la panadería son generalmente momentáneos. Los vecinos a medio alistarse para ir al trabajo o la escuela no tienen mucho tiempo para conversar.

Hay excepciones, dichosamente. La cafetería de Ciudad Colón es una de ellas. Como otros locales de su tipo, este ofrece huevos, leche, queso, natilla y paté a quienes llegan a comprar el pan. Pero además, los dueños agregaron unas mesas y preparan un buen café, así que son muchos los que van desayunar o merendar en el sitio. Uno puede pedir un capuchino, un agua dulce, un chocolate o un café negro y acompañarlo con pan y natilla, repostería, cangrejos rellenos o cualquier otra cosa.

Bien ubicada, porque se halla frente a la Iglesia Católica, siempre está llena de clientes. Pero lo más interesante es que estos son tanto habitantes del pueblo como extranjeros, gente con algún dinero y viejitos pobres que llegan a barrer o a recoger los platos y reciben a cambio un café con pan.

Panaderia Villalobos en Tibas 2016, foto: revista image
Panaderia Villalobos en Tibás 2016, foto: revista image

Es decir, la cafetería y panadería de Ciudad Colón, por citar solo una de ellas, siempre limpia y con productos frescos, se ha convertido en un espacio de reunión y de interacción igualitaria que difícilmente surge en otros lugares.

Ojalá permanezcan mucho tiempo más las panaderías, espacios patrimoniales en la sociedad costarricense…

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