fbpx

El bazar: espacio patrimonial costarricense

El bazar

La palabra persa “bazár” dio origen a esa voz con la que designamos, en nuestro país, a la mercería, comercio de objetos menudos como alfileres, cintas, y muchas menudencias. Como podemos ver, la palabra no parece haber cambiado desde su lejano origen oriental, pero sí ha evolucionado mucho su significado. La voz bazar ha pasado así de designar el mercado público oriental a referirse a la tienda en que se venden mercaderías diversas hasta reducir su significado al de ese pequeño establecimiento.

_DSC0646

Cuando en Costa Rica pensamos en un bazar, lo asociamos de inmediato con labores en vías de desaparecer: ahí iba nuestra abuela a comprar los hilos (filoseda, decía) para bordar en punto de cruz los manteles cuyos modelos venían insertos en las revistas femeninas. Ahí se encontraban los bastidores, las agujas de tejer, o las agujas duras y chatas para la Singer.

_DSC0681

El bazar recuerda aquellos trabajos y anhelos femeninos conectados con una temporalidad anterior al ajetreo moderno; las tías bordando en las tardes eternas, bajo el árbol de higuerón en el jardín de enfrente; la madre cosiendo en el corredor de la casa; la abuela arreglando el velito negro comprado esa tarde.

_DSC0658

Tal vez debido a esa profusión de colores, en ese mundo femenino podían colarse pasiones insospechadas. Un bazar ambulante poseían las llamadas “buhoneras”, vendedoras de baratijas, algunas de las cuales, como la Madre Celestina, usaban su oficio para encubrir otros menos honrados, que hacían caer a las doncellas, enredadas en las cintas de colores que les ofrecían las vendedoras.

_DSC0618

Las protagonistas de las novelas románticas buscaban en el bazar aquellos encajes, aquellos botones que se desabrochaban sin apuro. Las muchachas buscaban lentejuelas para coserlas en las blusas de vuelos y abalorios para las pulseras.

_DSC0637

Algo de ese olor y de ese hálito intemporal encontramos aún hoy en el bazar

_DSC0688

Ahí vemos las copitas de plástico para los arreglos de las mesas de bodas; los recuerdos para los bautismos y las primeras comuniones; los regalos que se rifarán en el té de canastilla y cientos de objetos pequeños y de múltiples colores y facturas: todo este comercio mínimo de cintas, botones, agujas, madejas, dedales, broches y otras menudencias, que parece desafiar el tiempo, como si dijera que las cosas pequeñas y sin valor aparente siguen rigiendo los momentos más íntimos de la vida cotidiana.

_DSC0623

 

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Comprar por departamento