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Espacios encadenados en el tiempo: El costo y beneficio de la restauración patrimonial

El Teatro Nacional, el Variedades, el Antiguo Cine Libano, el Liceo de Costa Rica, el Apolo y el Colegio San Luis Gonzaga, estos últimos en Cartago, son unas cuantas de las edificaciones declaradas como patrimonio. Algunas de ellas aún tienen la dicha de estar en buen estado y seguir funcionando, otras por el contrario, son hospedaje de indigentes y el tiempo, lo que ha ocasionado todo un debate entre quienes quieren rescatarlas pero respetando la normativa actual, o aquellos que desean resguardar su tesoro sin tener que hacer una intervención muy invasiva, aunque esto limite su uso o peor aún, ponga en riesgo la vida de quienes la utilizarán.

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Liceo de Costa Rica

En este tipo de obras el deterioro es más que evidente, el polvo suele ser su mejor adorno, las condiciones climatológicas tampoco dan tregua, sumado a piezas rotas o arrebatadas por el vandalismo y aquellos materiales empleados en su momento que ya cumplieron su ciclo. Para empeorar la situación, de vez en cuando la actividad sísmica que ya es habitual en Costa Rica, hace de las suyas, no es casualidad que desde el año 1974 el país adoptara un Código Sísmico acorde a estas condiciones y que por cierto, está ausente en la mayoría de esas obras.

Para quienes tienen ese interés por mantenerlas en pie (sin importar su deterioro o el riesgo de habitarlas), se trata de un tema de patrimonio merecido y por el contrario, quienes buscan restaurarlas para poder ser utilizadas, tienen una tarea sumamente compleja, comenzando por el factor dinero que siempre es uno de tantos obstáculos.

Costo económico y de tiempo vs beneficio

El arquitecto Franco Casalvolone, señala que inicialmente se debe considerar qué tan rentable es para el propietario o desarrollador una restauración, al igual que lo será para el arquitecto.

“Lo que hay que tener claro es el resultado que se ande buscando y los recursos que se cuentan para hacerlo. También que el presupuesto alcance, ya que, para intervenir una obra patrimonial, o por lo menos de cierta importancia arquitectónica, no sólo se trata de un tema de inversión de recursos si no, tiempos de obra más extendidos que lo acostumbrado.

Conocimiento de causa y profesionalismo

Este experto señala que en Costa Rica, son pocos los profesionales que tienen una formación técnica en restauraciones lo que complica más el trabajo restaurativo. “Los edificios patrimoniales que nos quedan son pocos y hacen que las técnicas, materiales y tecnologías no estén al alcance del profesional fácilmente”, asegura.

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El Arquitecto William Monge, director del Centro de Patrimonio del Ministerio de Cultura y Juventud, agregó que para garantizar el resguardo patrimonial se realiza un concurso y se analizan las propuestas de los postulantes, además siempre hay constante comunicación por parte de este organismo.

Parámetros de restauración

El arquitecto Ramón Pendones, vicepresidente de OPB Arquitectos (firma que ha liderado distintas restauraciones en Costa Rica), señala que hay que respetar los parámetros establecidos por entes especializados en resguardo de patrimonio (cuando la obra sea de este tipo), en el caso de Costa Rica el Centro Nacional de Patrimonio. Esto hace aún más delicada la intervención ya que se debe apegar a dichos lineamientos en su totalidad; pero además, la obra deberá cumplir con los mismos parámetros requeridos para cualquier otro inmueble, por ejemplo: el Código Sísmico, el Código Eléctrico, salidas de emergencia, supresión contra incendios, la Ley 7600, es decir; toda la normativa vigente.

Vida humana sobre valor patrimonial

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Castillo del Moro

Pendones explica que en cuanto a conservacionismo hay dos corrientes, quienes consideran que hay intervenciones para salvar la vida humana por lo que respetan los factores patrimoniales hasta donde no afecten o atenten contra la vida (es decir que cumplen con normativa) y aquellos que se enfocan en respetar por completo su valor, condenándolas a ser museos o sitios con un tránsito casi nulo por aspectos de seguridad.

“Uno siempre debe procurar que el edificio no se caiga sobre personas, salvaguardar desde punto de vista eléctrico, evitar incendios y garantizar aspectos mecánicos, por ejemplo: temas de ventilación, salidas de emergencias, esto es lo que implica una restauración. He visto casos como el del Teatro Nacional en donde se han tenido que quitar butacas, hacer salidas adicionales, entre otros, para cumplir con normativa. En el Variedades por ejemplo, la sala no se podía conservar y la norma se debe cumplir siempre por lo que hay que acatar. Esto provoca que los edificios viejos no siempre sean funcionales para su uso original y pasen a ser museos no habitables”, asegura.

Condición estructural

Otro de los aspectos a considerar y que genera interrogantes es aquello que no siempre se ve, es decir, hay daños fáciles de percibir a simple vista, por ser más superficiales y son los que las personas asocian más a una restauración. Sin embargo, los expertos consultados concuerdan que no basta con que la obra quede igual a la original, ya que se debe asegurar que su diseño estructural esté en buenas condiciones y permita que sea transitada y habitada en su interior, considerando además la seguridad de los trabajadores que van a intervenirla.

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Edificio Instituto Nacional de Seguros

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Liceo de Costa Rica

Al respecto, el ingeniero Ronald Steinvorth, presidente de IECA INTERNACIONAL, explica que debe determinarse de antemano en todo proceso de restauración, si se requiere reforzar la estructura del inmueble, para lo cual se debe realizar una revisión por parte de un ingeniero estructural, quien debe llevar a cabo un estudio de vulnerabilidad el cual determina si la estructura cumple con los requerimientos del código local, en cuanto a resistir las cargas de demanda, incluyendo sismo y viento. Posteriormente el ingeniero debe estudiar en conjunto con el arquitecto la propuesta de refuerzo y readecuación estructural, con el fin de intervenir al mínimo la parte arquitectónica ya que en ocasiones es necesario introducir nuevos muros, columnas, vigas y otros elementos que deben ser tratados por el arquitecto.

“Deben utilizarse materiales cuyo comportamiento sea de aceptación para todo tipo de edificaciones. Normalmente se pueden engrosar muros, encamisar columnas o introducir nuevos elementos, utilizando concreto reforzado o acero estructural. Cuando las condiciones lo permiten se utilizan otros materiales, como fibra de carbono, que aumentan la capacidad y la resistencia de los elementos existentes”, explicó Steinvorth.

Mantener sólo una fachada

Lo explicado por el presidente de IECA INTERNACIONAL genera la interrogante respecto a inmuebles cuya fachada parece estar en buen estado, pero que en su interior representan un serio peligro para quienes ingresen en ella, además de carecer de un estudio de factibilidad que así lo respalde.

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Casa Jiménez de la Guardia

Para el arquitecto e historiador Andrés Fernández, esto es muy común y hay ejemplos claros en San José centro, como el de la Casa Jiménez de la Guardia (75 mts sur del costado oeste del Parque Morazán) el edificio Maroy que está junto al anterior y el Teatro Variedades “que por dentro es un peligro”.

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Teatro Variedades

Para Fernández, pensar en una restauración de este tipo de inmuebles, depende del estado de la estructura interna (de ahí su importancia), pues si está bien o es rescatable (al menos en los ejemplos 1 y 2) se puede estudiar una restauración. “Caso contrario -como en el Teatro Variedades es mejor dejar sólo la fachada y hacer algo nuevo. Ambas son opciones avaladas por la práctica internacional de preservación”.

El también historiador, asegura que en Costa Rica hay demasiadas estructuras patrimoniales que requieren de inmediato una restauración, por ejemplo: casi todas las escuelas del periodo liberal tardío -años 20, 30 y 40, que son decenas o más-. Para el experto, estas merecen ser restauradas porque son el símbolo tangible del ideal y del esfuerzo educativo de la Nación para con su pueblo.

Original vs Replica

Esta es otra de las interrogantes que surge ante una restauración. Vamos a suponer que estructuralmente y en su interior es casi inservible, asimismo los materiales que se utilizaron durante la construcción eran fáciles de encontrar en aquella época y ahora resultan casi imposibles de hallar o bien con un costo muy elevado para adquirirlos. Sin embargo, se pueden utilizar otros con un comportamiento similar y que en apariencia luzcan igual.

Respecto a esto, el ingeniero Doménico Brigante, presidente del Centro de Materiales Compuestos para la Construcción en Nápoles, Italia, (y que estuvo involucrado en la restauración de la iglesia en San Blas de Nicoya) explica, que la con la tecnología y disposición de nuevos materiales, hacer una restauración y réplica exacta, suele ser más sencillo que hace algunos años. Un ejemplo de esto es la restauración que este italiano hizo de la histórica Pompeya, en donde fue necesario hacer copias exactas de piezas, haciendo uso de impresoras 3d y softwares.

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Iglesia de San Blas

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Plaza de la Cultura

Siendo así, tenemos una restauración exactamente igual en apariencia, y que ahora cumple con las normativas, lo que además la hace muy segura porque se le realizaron sus estudios y trabajos estructurales. Sin embargo, se utilizaron en ella otros materiales distintos a los originales y algunos cambios para cumplir con la Ley. Es en este punto donde muchos se preguntan ¿Se perdió el valor histórico? a lo que el arquitecto e historiador Andrés Fernández, señala que no debe ser mal visto.

“Hay que considerar varios factores, como la sismicidad, el mantenimiento y otros. Nuevamente, la práctica internacional tiene mucho que enseñarnos y, a mi juicio, hay que mantener la mentalidad abierta. Lo otro es un criterio arqueológico y pasivo del patrimonio. Arqueológico: así apareció, así se queda… pasivo: el patrimonio es conservable en sí mismo y no importa su función social contemporánea. Mi visión, en cambio, es la de un patrimonio activo socialmente y totalmente contemporáneo”.

Así es que la próxima vez que mires una obra patrimonial deshabitada, es muy probable que te preguntes si su valor no debería ser el de un espacio habitable, que pueda ser disfrutado por las nuevas generaciones en vez de haber quedado encadenado en el tiempo a espera de una muerte sin pena ni gloria.

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